Tengo un viaje de tren a Andalucía la semana que viene. Debido al trágico descarrilamiento en Adamuz, aún no tengo claro si la circulación está restablecida, si hay un servicio alternativo, o si tengo que ir en burra. Así que me he puesto a buscar información sobre el tema.
En la web de Renfe se habla del servicio alternativo pero aún sin noticias de cuándo se reestablecerá el servicio. En la de Adif, se confirma que el servicio sigue interrumpido pero de nuevo, sin noticias de la reapertura.
Y de repente, me encuentro con una noticia que dice esto:
“[...] Nuestro objetivo es que esté concluida en un plazo aproximado de 10 días naturales. Tras la reposición se retomará el servicio de la totalidad de la línea Madrid-Sevilla”, ha informado [Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible] en X.
Llueve sobre mojado. Cuando ocurrió dicho descarrilamiento, Óscar Puente estuvo informando en directo. ¿Desde dónde? Desde X, la web de pornografía infantil antes conocida como Twitter.
Por eso, cuando Pedro Sánchez anunció en el World Government Summit en Dubai cinco medidas, entre las cuales estaba prohibir el acceso a las mal llamadas redes sociales a menores de 16 años, no pude evitar sentir un rechazo visceral.
Antes de seguir, una aclaración. Me repugnan los insultos y acusaciones que vinieron después por parte de Elon Musk y Pavel Durov. Si tengo que elegir entre mi presidente y cualquiera de estos dos, lo tengo clarísimo. Y eso que fui defensor de Telegram desde el día 1.
Y otra aclaración. Los problemas de salud mental en adolescentes por el uso de las mal llamadas redes sociales están documentados desde hace años. Las plataformas los conocen, y aun así no hacen nada. En X, la web de pornografía infantil antes conocida como Twitter, todos los días se difunden diarreas mentales como esta:
Y aun así, estas medidas, algunas de las cuales ya han sido puestas en entredicho por Bruselas, me parecen una distracción, una hipocresía, y una torpeza.
Una distracción porque las mal llamadas redes sociales nos están pudriendo el cerebro a todos los grupos de edad. Tus padres piensan que "los menas" cobran más que un pensionista por mensajes en Facebook y estados de WhatsApp. Tus amigos se tragan vídeos hechos con "IA" en Instagram. Todos somos presa fácil en el bosque oscuro de Internet.
Una hipocresía porque figuras clave del Gobierno, así como cuentas institucionales, sigue usando las plataformas que tanto critican como fuente oficial de información. No, no quiero tener que ir a una web de pornografía infantil para saber los pormenores del estado de la red ferroviaria. No quiero que mi presidente pierda el tiempo "dando zascas" a personajes patéticos.
Y una torpeza porque la forma de doblegar a esas plataformas, en concreto X, está delante de nuestros ojos, requiere mínimo esfuerzo, y es de aplicación y efecto inmediatos:
Marcharse.
Así de simple.
Thiago Ferrer Morini lleva meses pidiéndolo desde Mastodon y su columna en El País. Vayámonos de X.
Cory Doctorow ya habló de esto hace años: no somos capaces de marcharnos de lugares terribles porque no queremos hacerlo solos.
Pero la situación actual exige valentía. Valentía no es la ausencia de miedo: es la ausencia de parálisis en presencia del miedo. Y hoy es un día tan bueno como cualquier otro para dejar atrás el miedo a "perder seguidores", o a que otros se queden con el relato (como si las mal llamadas redes sociales fueran "campos de batalla", qué metáforas más mal hechas) y avanzar hacia las alternativas.
En otro tiempo podría haber concedido argumentos pragmáticos de visibilidad o falta de alternativas. Pero estos argumento hoy ya no existen.
Tenemos Bluesky y tenemos Mastodon, dos redes sociales de microblogueo construidas sobre protocolos abiertos. ¡Y encima dan más tráfico! El Boston Globe, The Guardian, y el New York Times ya hace meses que reciben más visitas de Bluesky que de X o Threads, siendo una red social más pequeña. Estamos hartos de ver cuentas de movimientos sociales con miles de seguidores en X y cerca de cero interacciones.
Y ojo. No creo que el futuro pase por tener comunidades ideológicas bunkerizadas en diferentes plataformas. Precisamente por eso me atrae tanto el sistema de moderación por capas de ATProto, el protocolo de Bluesky, y en menor medida el sistema de instancias de ActivityPub, el protocolo de Mastodon.
La moderación es complicada y cuesta dinero. Yo mismo experimenté con ello, y me cansé a los pocos días. Pero las herramientas están ahí.
Así que por favor, Pedro Sánchez, ministros, céntrense. No quiero oír hablar de prohibiciones ni regulaciones hasta que el Gobierno no deje de dar información oficial en plataformas que nos humillan, rodeados de personajes deleznables.
Las alternativas existen. Váyanse de X. Les estamos esperando.